David Carpio reivindica en Nîmes su estatus cantaor

23/01/17 Flamencomanía David Montes

Dicen que las oportunidades hay que aprovecharlas cuando se presentan. Y si no que se lo digan al cantaor jerezano David Carpio que, en sus propias carnes, ha visto como se ha hecho verdad eso de que nunca se sabe qué nos depara la vida, y que lo único que está demostrado es que, para lo bueno o para lo malo, hay que tener la suerte de estar en el sitio en el momento adecuado. Por mor de ese caprichoso destino, el cantaor jerezano aún no había tenido la oportunidad de protagonizar ninguna de sus propuestas y demostrar su valía en este festival, por una circunstancias u otras, hasta el pasado sábado. Consciente de que la forma no era la más idonea para presentarse en solitario, ya que iba a sustituir a María Terremoto, que por problemas de agenda no podía realizar el recital programado, pero tambien consciente de que nunca se sabe donde puede estar la oportunidad, David Carpio no dudó en jugársela con la guitarra de Antonio Moya, para demostrar que también sabe cantar con la silla cinco metros más p’alante de lo que la tiene habitualmente.

Si bien la bajañí en la que tenía que aferrar su cante no es la que le acompaña cuando tiene oportunidad de hacerlo en solitario, ya que era la inicialmente prevista para el recital, cosa que presentaba todo un handicap para ambos, David Carpio y Antonio Moya, Antonio Moya y David Carpio, pusieron todo de su parte para ofrecer con las garantías suficientes en un envite que solo tenía la puerta grande o la enfermería como destino. La empresa no era fácil. Las cadencias y las formas cantaoras jerezanas debían darse la mano con las estructuras musicales utreranas de la guitarra y, para más inri, el compás al final de la cita lo iban a poner desde la flamenca ciudad francesa de Marsella. Como pueden ver todo un encuentro musicocultural, que afortundamente se saldó con una demostración de cante que no hace más que reivindicar el estatus de primera figura de David Carpio, junto a un Antonio Moya que está curtido en mil batallas y sabe encontrar siempre la forma de hacer sobresalir al cantaor, como mandan los cánones del toque de acompañamiento.

Y de esta manera, y no de otra, comenzaba en el Instituto Emmanuel D´Alzón la última jornada del XXVII Festival Flamenco de Nîmes. El recital de cante, por cuanto tenía de inesperado, conllevaba una importante carga de responsabilidad por parte de sus protagonistas, pero estos no dudaron en irse a puerta gayola a mirar de frente el portón de los sustos, regalando al respetable un envite de primer nivel que nos dejaba el cuerpo entonado para irnos, casi directamente, al Teatro Bernardette Lafont donde nos esperaba Vicente Amigo para dar clausura a este festival flamenco de gran formato.

Pero centrándonos en lo que nos ocupa, que es el recital ofrecido por David Carpio y Antonio Moya, de forma acertada y para templar nervios y coger el pulso a la cita, la obertura vino de la mano de un ramillete de tonás, algunas de puño y letra del propio Carpio, a las que le siguieron una collera de malagueñas de Diego 'El Perote' y Concha 'La Peñaranda’, rematadas sin aspavientos y sin ni siquiera moverse de la silla, eso sí, dejándose el alma en los exigentes tercios finales de cada malagueña. No saben ustedes lo que se agradece que se den los 20 reales del duro en el cante últimamente. En las cantiñas y alegrías saco ‘su verdad’ del cante, y por soleá volvió a sacar de su libreta las letras de su autoría, dentro de los estilos y armonías que recorren el tren del cante de pitón a rabo, encontrando escalas en Joaniquí, la Serneta o Fernanda, solo por poner algunos ejemplos. David Carpio domina a la perfección a la reina de los cantes y se gusta en los tercios con sabiduría y consigue una transmisión que hasta Antonio Moya que disfrutaba con su guitarra al lado de David Carpio tanto o más que los espectadores.

Por siguiriyas, impecable. De nuevo ambos soberbios. El cantaor jerezano se fajó con el cante del dolor presente en un cara a cara de los que dejan sabor a sangre. Por fandangos sacó de paseo los estilos que dejaron para la historia Isabelita de Jerez, Chocolate o Cepero, dejando para el remate de la cita a las bulerías. No podía ser de otra manera. Primero en solitario y después reclamando el auxilio de Jose de la Negreta y Justo Eleria con el compás, David Carpio dejó un recital redondo en Nîmes, que esperemos que le haya servido para abrir la puerta de un teatro que ha visitado en no pocas ocasiones con las compañías con las que trabaja, pero nunca en solitario.

David Carpio posee esa difícil cualidad de recrear y dar personalidad al cante sin perder las formas y maneras clásicas. Innova sin crear. Nunca le pierde la cara al toro y da siempre los 20 reales del duro con su cante, que es su mejor carta de presentación. Nunca se ha escrito nada de un cobarde dice el refrán. David Carpio en la tarde del pasado sábado hizo bueno ese dicho y ahora le toca a la organización, de uno de los festivales más importantes del mundo si no el mejor, sopesar si es merecedor de formar parte del contenido de futuras ediciones en alguno de sus espacios escénicos más relevantes.

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